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Fundación Natura
En la Cordillera del Cóndor, con formaciones vegetales propias de bosque amazónico y mayoritariamente montano, que va rápidamente de un rango altitudinal de los 200 a los 2950 m.s.n.m y, con una cobertura vegetal natural superior al 90% habitan alrededor de 1000 familias shuar, unas 8000 personas.
Esta ocupación cuyos primeros indicios tenemos desde hace 2.500 años (especialmente en la cuenca del río Zamora) implicó el desarrollo de conocimientos y técnicas de uso del bosque y su biodiversidad. La gran riqueza alimenticia, de productos para la salud y de bienes del hogar que el bosque proveyó a estos habitantes se puede todavía constatar. Existen familias que aún obtienen el 80% de los productos que requiere para la vida, únicamente del bosque.
Sin embargo, esta condición ha ido variando por diversas causas, entre otras: el crecimiento de la densidad poblacional; la reducción de los espacios del territorio shuar debido a los procesos de colonización y reforma agraria ocurridos en esta zona en los años 70 del siglo XX; la consecuente eliminación de la movilidad (como estrategia de sobrevivencia) y la fijación en fincas con límites imprecisos; la creación de centros poblados para el funcionamiento de las escuelas y la creación de nuevas relaciones culturales, nuevas necesidades y nuevos satisfactores y; por último la crisis del Estado nacional y el Estado de bienestar en los años 80 y 90, que redujo los servicios de salud, de educación y de obras de infraestructura.
Los cambios se tradujeron en una mayor presión al bosque: más de un habitante por kilómetro cuadrado que hace insostenible los recursos; conflictos de límites y de cotos de recolección; búsqueda de dinero para satisfacer las nuevas necesidades por distintas vías como la venta de madera, el trabajo en empleos públicos (maestros y enfermeros), jornaleros fuera de la región. Y, por último, un tercio de su territorio concesionado, sin consulta con sus habitantes, a dos empresas mineras de mediana escala, para extracción de polimetálicos.
Ante esta realidad, el tema del territorio en el mundo shuar se amplío desde la concepción de límites y propiedad de la tierra, al de un espacio de recursos naturales y la necesidad de gobernar ese espacio y esos recursos, haciendo del bosque un patrimonio de todos los habitantes shuar.
En el año 2003, como resultado de la primera fase del Proyecto Paz y Conservación en la Cordillera del Cóndor (F. Natura, ITTO, gobiernos de Japón y de Suiza y Conservación Internacional), se creó un gobierno territorial shuar (en aplicación de los derechos colectivos consagrados en la Constitución del Ecuador), que integra actualmente a 43 comunidades o Centros Shuar. En ese año, elaboró un Plan de Vida uno de cuyos ejes es sostener el modelo económico-social-cultural existente; además de la respuesta a las nuevas situaciones de presión del mercado.
El modelo tradicional, sin embargo, requiere de una adaptación a las condiciones actuales descritas en los párrafos anteriores, y que consiste en ordenar el uso de los recursos del bosque (de caza, pesca, recolección de flora para consumo interno y extracción de madera con fines comerciales). Este ordenamiento, bajo los diversos niveles jerárquicos de autoridad y control del gobierno shuar, consiste en la zonificación de espacios de uso a nivel de fincas, comunidades y todo el territorio; la elaboración y aprobación participativa de una norma de uso de la biodiversidad y, por último, la elaboración de planes de manejo en cada comunidad.
Inclusión o diferencia
El objetivo de la Fundación Natura es promover la conservación, pero hacerlo con los habitantes, más aún sin estos son pueblos originarios, de asentamientos tradicionales y con títulos de propiedad. Este es el caso del Pueblo Shuar Arutam.
Entendemos que los territorios de los pueblos originarios son una oportunidad para el Ecuador; especialmente en el centro y sur de la Amazonía. Sabemos que uno de los temas centrales del país es el de gobernabilidad. La gobernabilidad entendida como la capacidad de respuesta desde las autoridades a las demandas de las sociedades y lo contrario. Que con los pueblos indígenas, solo existen instrumentos generales que permitirían la construcción de esta gobernabilidad, como son los derechos colectivos, las circunscripciones territoriales indígenas, las direcciones indígenas de educación y salud. Pero no existen los instrumentos para ejercer los derechos.
Muchos creen que si los pueblos originarios se integran más a las estructuras del Estado y se fragmentan espacial y culturalmente en los espacios y formas de vida del resto de los habitantes, de sus actividades económicas y modelos extractivos, los indígenas tienen opciones en este futuro global. Pero con los shuar trabajamos de modo distinto. La construcción de gobernabilidad es la capacidad que tienen los pueblos hacia adentro y hacia afuera. Hoy los shuar tienen un Consejo de Gobierno que trata de comunicarse con sus 43 Centros y mil familias. Que escucha, se transparenta, planifica con todos, es controlado y tiene un sentido.
Este gobierno se llama territorial, porque construye y maneja un espacio común, de modo integrado, haciendo de los recursos naturales un patrimonio. Este es el primer elemento de diferenciación: una frontera física de la suma de los habitantes.
El segundo elemento es la decisión de sostener un modelo de vida y economía que aparece como viable, basado en las tradiciones, conocimientos, técnicas y espiritualidad shuar. Esta es la alianza entre la cultura y el bosque, de su mutua conservación y desarrollo. Es decir, abrir las puertas a otros modelos sin afectar al propio, que se basa en el uso del bosque.
El tercer elemento de diferenciación es el de la frontera étnica: la identidad como reconocimiento de que se es diferente y se quiere vivir diferente, para lo cual hay que poner fronteras a las presiones y ofertas del mundo externo: en salud, educación, información, ritualidad.
El cuarto elemento es el que no existe territorio sin gobierno. Los cambios producidos obligan a generar un gobierno autónomo, que ayude a organizar la vida interna, a resolver conflictos, a ordenar la vida social y la economía. Es un gobierno hacia adentro, desconcentrado en 5 Asociaciones, con autoridades por Centro Shuar relacionadas de modo regular. Tiene jefes territoriales en cada asociación y jefes temáticos que promueven el uso de la madera, la caza, las posesiones de fincas, el control territorial, el cumplimiento de la zonificación, la producción. Y es autónomo porque toma sus decisiones de acuerdo a las costumbres shuar, desde abajo y desde adentro.
Pero la gobernabilidad exige también las relaciones con lo externo. La inclusión con el Estado nacional y la globalidad está en poder hacerlo perdiéndose y absorbiéndose en sistemas estatales sin autonomía, en gobiernos locales que tienen prácticas, normas e instrumentos no shuar; incluyendo la educación y la salud que cumplen un grave papel transformador y deteriorador de la cultura. Esta inclusión, es buscar la aceptación desde la desvalorización del ser shuar. La inclusión con diferencia permite tener relaciones horizontales con todo el resto del Estado nacional: los partidos, el gobierno central y sus ministerios, los municipios y juntas parroquiales, las ONG. Desde la frontera real, cultural, de gobierno autónomo, se establecen relaciones claras y de respeto.
El interés de la Fundación Natura
Estos son los elementos del encuentro entre los shuar de la Cordillera del Cóndor y la Fundación Natura. Un mutuo aprendizaje y un mutuo respeto. Esto es lo que también motivó a los técnicos que trabajan con los shuar. Saber que existen utopías, sueños de construcción, luchas por no ser hombres y mujeres de una sola dimensión (globales en el mal sentido). La sabiduría de entender que ninguno tiene la verdad preestablecida, y que en el camino se va corrigiendo. No todo es camino rosa, los problemas de construcción son muy difíciles, pues dinámicas económicas y políticas, los medios de información y el mercado, las empresas extractivas y los intermediarios, la debilidad del Estado, impiden construir gobernabilidad. No se escuchan respuestas eficientes, con voluntad, existen cientos de trabas de gobernanza: poca transparencia, poco diálogo, ausencia de sistemas de exigencia y control, poca información, no hay mesas de concertación.
Pero existe una decisión, que se apoya en los hechos. Hacer buenos gobiernos guardando la identidad y las fuentes de la vida. |